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Messaggi don Orione
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Un grande y humilde misionario en Argentina.

“Cuando me presenté en la Casa Madre de Tortona acompañado de mi madre – era el 8 de diciembre de 1940 -, Don Sterpi le dijo a ella: “Señora, vaya al Santuario de la Virgen de la Guardia y ofrézcale su hijo, después vuelva aquí”

Al regresar, me recibió con gran amabilidad y alegría, y dirigiéndose a los cohermanos presentes dijo en voz alta, señalándome: “Este es el regalo que hoy nos manda la Virgen Santísima de la Guardia”

Víctor Bresciani golpeó a la puerta de la Congregación cuando tenía 21 años y venía de Nuvolento (Brescia), donde había nacido, anteúltimo de doce hijos, el 5 de abril de 1919. Después de haber completado la escuela primaria, encontró rápidamente trabajo como mecánico; después frecuentó la escuela de Dibujo Profesional de Mazzano (1936-1940). Dejó su formación técnico-profesional, con sorpresa para todos, para entrar en la Congregación de Don Orione, aunque permanecerá parte de su bagaje humano y también apostólico que supo luego hacer fructificar oportunamente.

Desde Tortona, durante el tiempo de guerra, el joven Bresciani fue enviado a Villa Moffa di Bra (Cuneo) como postulante; hizo el año de noviciado con Don Julio Cremaschi, emitiendo sus primeros votos el 16 de julio de 1942. Luego debió rápidamente partir porque fue llamado al servicio militar. Pudo regresar sólo en 1944 a Villa Moffa, donde frecuentó las clases del liceo. Después de estar un tiempo en Tortona para el tirocinio, en 1948 pudo realizar su gran sueño: partir para las misiones. El destino fue Argentina. Inició en Mar del Plata, aprendiendo la lengua y la cultura y trabajando como asistente en el Colegio “Tavelli”.

Después de haber hecho la Profesión perpetua (11/02/1949), estudió la teología en el Seminario San José (1949-1953). Fue ordenado sacerdote el 18 de enero de 1953, de manos de Mons. Aragone, en la iglesia de Claypole.

Inmediatamente fue encargado de los seminaristas menores en Claypole. Por su característica personal y sus capacidades, se interesó también de la construcción de gimnasios y talleres para la educación y preparación humana de los jóvenes, con una atención especial a las vocaciones religiosas. Una actividad similar desarrolló desde 1963 a 1968 en Gerli; con su aporte se lograron diversas mejoras funcionales en el Pequeño Cottolengo de Claypole y de Avellaneda, hasta el año 1968.

Fue nombrado párroco de la “Sagrada Familia” en Mar del Plata en el año 1968. Durante el trienio transcurrido allí se hizo querer por todos a causa de su dedicación a los jóvenes y ancianos, sanos y enfermos, pobres y ricos, siempre preocupado por el bien de las almas.

Desde 1970 a 1978 fue responsable del Pequeño Cottolengo de Tucumán, dedicándose a los más necesitados e indefensos y distinguiéndose siempre por su capacidad de trabajo, por su bondad y disponibilidad.

Se ofreció también para la misión orionita del Goias (Brasil), pero los superiores le pidieron que permanezca en Argentina. Regresó nuevamente, desde 1978 a 1985, a Mar del Plata, para la conducción de la escuela y parroquia “Sagrada Familia”. Fue consejero provincial desde 1979 al 1982.

La última etapa de su vida en Argentina, de 1985 a 1993, la vivió en el Pequeño Cottolengo de General Lagos (Santa Fe). Yo tuve modo de constatar personalmente cuánto era recordado y amado en General Lagos por su laboriosidad humilde y concreta en favor de los últimos. Me confió que había pedido regresar a Italia, posiblemente al Eremo de San Alberto, para pensar más en Dios y su alma, después de haber trabajado tanto.

En 1993 regresó a Italia y estuvo cerca de un año con los ermitaños de San Alberto de Butrio (Pavia). Al año siguiente, 1994, respondió a la invitación de los superiores de ir a ejercer el ministerio de la reconciliación como confesor en el Santuario Virgen del Rosario de Pompeya (Nápoles). Allí permaneció hasta el 2005, contento y agradecido al Señor por esta experiencia de gracia y de recogimiento cercano a la Virgen de Pompeya.

En fin, desde el año 2005, por motivo de su salud cada vez más precaria, fue a residir en el Centro Don Orione de Bergamo, amablemente asistido por los cohermanos y enfermeros. Encontraba el modo aún de ser útil con el ministerio con cuantos se acercaban a él, y, sobretodo, con el testimonio fiel y cotidiano de su vida de oración y con el ofrecimiento de los sacrificios por el bien de la Iglesia, de la Congregación y de las almas. Plena y serenamente dispuesto a la Voluntad de Dios, amaba repetir el estribillo “Tanto es el bien que espero, que cada pena me da gozo”

Partió serenamente la noche del 3 de enero de 2010, a 91 años de edad, 68 de profesión religiosa y 57 de sacerdocio.

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