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Reconstruye el contexto socio-eclesial de Italia y Argentina en el cual se formó y fue formador Don Orione, presenta la orientaciones educativas del Santo y su metodo paterno-cristiano. Texto sin las notas " /> Messaggi don Orione
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Nella foto: Alumnos de la Escuela Orionista de Saenz Peña (Chaco).
Autore: Flavio Peloso
Pubblicato in: Escuela Formación Orionita, Buenos Aires 2.4.2011

Es la "Lectio brevis" del Padre Flavio Peloso a introdución del Curso 2011 de la Escuela de Formación Orionita, Buenos Aires (2 de abril 2011).
Reconstruye el contexto socio-eclesial de Italia y Argentina en el cual se formó y fue formador Don Orione, presenta la orientaciones educativas del Santo y su metodo paterno-cristiano. Texto sin las notas


Don Orione es conocido en el mundo como sacerdote y santo, pero también por la extraordinaria obra que desarrolló a favor de los marginados, los pobres, los abandonados y los enfermos. Esta es también la faceta más conocida de la Pequeña Obra de la Divina Providencia, hoy diseminada en más de 30 naciones del mundo. Sin embargo, el celo de Don Orione no se limitaba solo a las necesidades materiales de las clases más humildes de la población. Por sobre todas sus preocupaciones estaban las necesidades morales, sobre todo las de los jóvenes, y la promoción civil y religiosa de la sociedad.

Desde 1893 dedicó su incansable apostolado a niños y jóvenes, siendo todavía un pobre estudiante de teología, fundó en Tortona el Collegetto (colegio) de San Bernardino, al que dio la forma de un “collegio paterno” para los hijos de las familias pobres. A esta primera obra le siguieron muchas otras, de enseñanza clásica, humanística y profesional, para ofrecer a los jóvenes más relegados, junto al testimonio evangélico, una posibilidad concreta de promoción social y humana.

La educación, en todas sus articulaciones, constituyó un aspecto primario de la experiencia humana y pastoral de Don Orione, a la par de su tarea asistencial. Sin embargo, si bien la dimensión educativa orionita siempre fue tomada en cuenta por los estudiosos, solo recientemente se está esbozando un marco histórico en el contexto escolar entre el ‘800 y el ‘900, para relacionarla con las orientaciones pedagógicas y las corrientes de pensamiento de la época . Algunos estudios recientes de Angelo Bianchi tienen un valor particular .

Al presentar el compromiso de Don Orione en el campo educativo sigo su accionar en el contexto italiano con algunas anotaciones del contexto argentino.

 

LA RELACIÓN ENTRE ESTADO E IGLESIA CON RESPECTO A LA ESCUELA

En la época de Don Orione, primero estudiante y después educador, la relación entre el Estado y la Iglesia con respecto a la escuela era muy tensa.

Hacia la mitad del siglo XIX, en la Italia previa a la unificación, prácticamente no existían formas de enseñanza estatal sino sólo en los niveles de escuelas superiores y universitarias. En el nivel elemental y medio, la enseñanza era privada, paga, y las escuelas eran patrocinadas sobre todo por las órdenes religiosas dedicadas a la enseñanza. De hecho, la mayoría de los Colegios y Escuelas Pías eran dirigidas a los hijos de las familias pudientes, de la alta sociedad.

Era altísimo el porcentaje de analfabetos, el 78% de la población de Italia unificada en 1861. La educación de los niños y jóvenes del pueblo humilde era considerada una obra de misericordia, realizada con variedad de formas, para enseñar a “leer, escribir y hacer cuentas”. Es en la segunda mitad del ‘800, cuando nacen congregaciones religiosas particularmente dedicadas a las escuelas y a la enseñanza para hijos del pueblo humilde y trabajador con una perspectiva de justicia e igualdad social.

También en Argentina , hacia el 1800, las escuelas, la mayoría de nivel primario, fueron patrocinadas por órdenes y congregaciones religiosas (franciscanos, dominicos y después los jesuitas) y articulaban juntas la evangelización con la difusión de la cultura hispánica mediante el uso de la lengua española. En 1613, se tuvo la primera universidad en Córdoba, fundada por los jesuitas y los dominicos.

También en Argentina las escuelas estaban destinadas a los hijos de familias económica y culturalmente más elevadas. Con la Independencia, en el ‘800, Argentina tuvo un fuerte aumento de docentes y por lo tanto adoptó el sistema Lancasteriano, que se basaba fundamentalmente en la memorización y en la disciplina, usando como recurso a los alumnos “monitores” para hacer frente a las exigencias disciplinarias. Domingo Faustino Sarmiento Albarracín (1811-1888), quien también fue presidente de la República, hizo una contribución determinante para el desarrollo de la instrucción pública y el progreso cultural de Argentina. En su honor, el día de su muerte, el 11 de septiembre, fue proclamado Día Panamericano del Maestro.

Italia, con la unificación, se transformaba en un Estado moderno, y la enseñanza escolar se convierte en una cuestión “política”, es decir una responsabilidad del gobierno. En un Estado la cuestión escolar es siempre “política”, porqué se refiere a la organización social, y porqué la misma se va acondicionando según la ideología del que gobierna; cuando más totalitario es el Estado, más tiende a monopolizar y controlar la escuela.

Las dos intervenciones más importantes de la escuela italiana se tuvieron con la así llamada ley Casati (1859) y con la reforma Gentile (1923) . El primer y beneficioso efecto de estas leyes fue la progresiva y también rápida disminución del analfabetismo en Italia.

Para tener una idea del rápido crecimiento de la escolarización, se debe tener en cuenta que los analfabetos en Italia eran: en 1861, el 78% (72v y 84m); en 1881, el 67% (61,03v y 73,51m); en 1911, el 46% (42,8v y 50,5m); en 1931, el 21% (17v y 24m) hasta casi desaparecer en los decenios siguientes. Quedaba, de todos modos, una notable diferencia de escolarización entre las regiones del Norte y del Sud.

En Argentina , la Constitución Nacional de 1853 estableció el derecho a educar y a enseñar atribuyendo la responsabilidad a los gobiernos de las provincias. Tal derecho se hace efectivo con lentitud. La primera en movilizarse fue Corrientes con una ley de 1857 que destinó algunos fondos para la fundación de escuelas; Buenos Aires hizo algo análogo con la Ley de Educación de 1875. Fueron iniciativas que no alcanzaron a las masas populares. Es en 1884 que la Ley n° 1420 estableció el carácter de obligatorio, estatal, laico y por grados de la educación. Desde ese momento la instrucción escolar, de hecho de elites, pagas, se transforma en un derecho básico de todos los ciudadanos.

El esfuerzo fue grande, y lentamente la educación básica llegó a casi todos; la población escolar, en el primer decenio del ‘900, ya alcanzaba al 70% de los menores entre los 6 y los 13 años. Posteriormente se produjo una extensión capilar de la escuela con el peronismo que consideró el derecho a la educación entre los derechos sociales.

La evolución del analfabetismo en Argentina tuvo grandes etapas de superación. Los analfabetos eran el 77,4% en 1869, el 53,3% en 1895, el 35,9 en 1914, el 13,6% en 1947.

En el recién nacido Estado unificado italiano, en el tiempo de Don Orione fundador , la escuela se convierte en terreno de desencuentro entre los liberales, que entonces detentaban el poder político en nombre del principio de la separación entre Estado e Iglesia, y el mundo católico, que en nombre del carácter humano y espiritual de la educación reivindicaba un protagonismo propio e intentaba contrastar el proceso de estatización y laicalización de la enseñanza pública, que mientras tanto se hizo obligatoria. León XIII y Pío XI , en diferentes tiempos, reivindicaron el derecho de la Iglesia para conducir escuelas propias.

El rol de magistra (maestra) en el campo de la cultura y de la transmisión de valores, poseído indiscutiblemente por siglos, fue amenazado por las ideologías protestante, iluminista-liberal y socialista.

El rol de mater (madre) , de Iglesia cercana a los problemas y a las necesidades del pueblo, se vio comprometido sobre todo por la acusación marxista-socialista de “paternalismo” y de “opio de los pueblos”. No se podía recuperar uno sin el otro.

En este contexto maduró el exuberante movimiento católico coordinado en la Obra de los Congresos Católicos. Marginados de la vida política con motivo del non expedit, a los católicos les quedó el compromiso en lo “social”.

La masonería actuaba con profundidad, monopolizando muchos puntos neurálgicos de decisión de la vida pública, determinado también a la cultura y a la escuela. El Papa León XIII, en su Encíclica del 15 de setiembre de 1890 , había señalado “el grave peligro que corría Italia de perder la fe”.

En la región de Tortona , el obispo Mons. Igino Bandi hace suyo el afligido llamado del Papa y dio mucho impulso a las iniciativas socio-caritativas en favor del pueblo para devolverle consistencia al rol de la Iglesia. Desde e l primer año de su Episcopado (1891) en Tortona, se decide a lanzar una invitación a la militancia activa de los católicos en el plano educativo.

Don Orione creció primero en Valdocco y después en el seminario de Tortona, en este clima de fuerte contraste de la Iglesia contra las “potencias adversarias” y también de reacción a una cierta inercia y timidez social del mundo catolico . La Iglesia italiana pasó así de la tendencia a defenderse aislándose, a la tendencia a la inserción en los nuevos sistemas de vínculos sociales.

La figura de Don Orione se comprende mejor a la luz de este clima socio-eclesial que le hace ver “no solo la necesidad sino la urgencia de este trabajo ( social, educativo, popular) tanto para los supremos intereses de la Iglesia como los de la Patria. Yo veo un vasto movimiento que corre derecho a golpear la fe y todos sus beneficios sociales. Deseamos intensificar la vida religiosa y moral de los italianos. Hay catacumbas morales y ostracismo hacia la Iglesia desde la vida civil. Numéricamente seremos más, pero pesamos menos porque, o no estamos organizados o estamos mal organizados: tenemos la apostasía de la sociedad civil.

Con estos estímulos históricos, Don Orione, dio un sello a su obra y a la de la Congregación que estaba formando: “No pierdan de vista nunca a la Iglesia ni a la sacristía, más bien el corazón debe estar allá, la vida allá, allá donde está la Hostia; pero, con la debida cautela, es necesario que se lancen a un trabajo que no sea solo el trabajo que hacen en la Iglesia.

 

EL COMPROMISO DE DON ORIONE CON LAS OBRAS EDUCATIVAS

En el contraste ideológico-político al que se aludió antes, tres puntos eran considerados irrenunciables por el catolicismo: la libertad de enseñanza, la posibilidad para la Iglesia de instituir escuelas libres y reconocidas por el Estado, y la presencia de maestros católicos sobre todo en las escuelas primarias que dependían de las administraciones locales.

En 1890, el ministro de la Instrucción Pública Paolo Boselli, presentó un proyecto de ley que preveía la estatización de la escuela primaria. Los católicos, de frente a aquello que se consideró una traición del derecho de libertad de la familias para proveer la educación de sus propios hijos, propusieron un mayor y más marcado empeño en la fundación de escuelas católicas.

A la luz de esta fuerte polémica cultural, se puede comprender la sorprendente iniciativa del clérigo Luis Orione que, apenas con veintiún años, dio vida a su primera institución escolar: el Pequeño Colegio de San Bernardino en Tortona . Similares iniciativas eran consideradas indispensables para contrastar la política escolar de los gobiernos nacionales considerados hostiles a la Iglesia. Por esto el Obispo Bandi apoyó a aquel joven clérigo de 21 años que abría un colegio popular.

En la realidad italiana de la segunda mitad del ‘800 los fenómenos de la concentración urbana, de la emigración, de la pérdida de las raíces sociales y morales, debidas a la rápida industrialización del País, producían en la juventud, confusión y adhesión a las nuevas ideas y costumbres introducidas por grupos ideológicos y de partidos de masas de tipo antirreligioso y ateo.

De parte del catolicismo, se fue desarrollando una visión nueva y moderna de la labor educativa, que buscaba armonizar la pura y simple acción caritativa con una sensibilidad aguda hacia la cuestión social, finalmente entendida en su globalidad en el sentido de la encíclica “Rerum novarum” del Papa León XIII. “No solo caridad, más bien justicia social. Volver a armonizar orgánicamente caridad y justicia fue una de las novedades importantes del catolicismo de fines del ‘800.

En Luis Orione y en su obra, la liberación y la promoción de las clases más humildes pasaron a través de la obra de educación cristiana y moral de los niños y jóvenes, sobre todo con colonias agrícolas, escuelas de arte y oficios, oratorios populares. Don Orione entendió a la educación de “hijos del humilde pueblo trabajador” y a la promoción social de las categorías débiles de la sociedad, no solo como obras piadosas válidas en sí mismas, sino como forma de influir más ampliamente y orgánicamente en la elevación de las clases populares.

La novedad del compromiso escolar de Don Orione está en haberlo insertado en el amplio fin social y político de la “elevación del humilde pueblo trabajador” en el contexto democrático que estaba delineándose: “La democracia avanza, acojámosla amorosamente, guiémosla en su canal, cristianicémosla en sus fuentes que es la juventud! Y proveeremos a una gran necesidad social de la era presente, y haremos una obra de redención moral y civil”.

El fundador tortonés deseó una neta caracterización popular de la tarea educativa en su Congregación : “La Congregación es humilde y para los humildes: para los pequeños y para el pueblo, es necesario evangelizar a los pobres y no piensa en abrir Colegios, ni preparar personal para abrir Colegios, ni competir con los Jesuitas, con los Escolapios, con los Bernabitas, con los Salesianos, última edición no italiana, ni con los Maristas, ni con los Hermanos de las Escuelas Cristianas, ni con otras respetables Comunidades del mismo tipo: otra Misión y otro vastísimo campo se ha abierto delante de la Divina Providencia, la mano de la Divina Providencia, los instrumentos inteligentes de la Divina Providencia para aquellos, para todos aquellos que, no habiendo sido ya provistos de providencia humana, tienen necesidad y más necesidad, de la Providencia Divina.”

Su tarea educativa es intencionalmente popular que quiere decir “dirigida al pueblo”, especialmente a aquel más humilde y abandonado, “ a las clases humildes, a las masas populares, a los obreros, a la juventud”.

Esa orientación se puso en práctica en la acción educativa de la Congregación en Argentina .

Don Orione concibió y escribió la famosa carta sobre la educación desde Victoria el 21 de febrero de 1922, teniendo presente el contexto social y laboral argentino.

Aquellas orientaciones llevaron a abrir en 1924 la escuela “Sagrada Familia” en el puerto de Mar del Plata, y sucesivamente en Victoria, la tipografía y la escuela de artes y oficios, y el Colegio San José en Mar del Plata. Con ellos se ayudaba a los “hijos del humilde pueblo trabajador”: obreros y ferroviarios de Victoria, pescadores de Mar del Plata. Propiamente por ser “populares”, tales escuelas tuvieron en seguida un rápido y favorable desarrollo, a pesar del fuerte clima anticlerical de aquellos años.

Es de notar que para Don Orione el concepto de pueblo supera el significado de Volk, de la escuela alemana basada en la pertenencia natural a la comunidad de la tierra, de los orígenes, de la identidad genética. Don Orione replantea carismáticamente la visión de pueblo de Dios en el sentido estrictamente evangélico en el cual la pertenencia es más de tipo moral , esto es, no estrechamente ligada solo a la identidad de tierra, raza, historia, sino a la paternidad y patria trascendente; un pueblo de iguales porque son hermanos y –precisaría Don Orione- “con particular preferencia por los más pobres”. “ La idea de igualdad democrática es hija del monoteísmo evangélico” como ha afirmado Benedicto XVI, siempre atento a recoger las raíces cristianas de la cultura moderna.

 

SU METODO EDUCATIVO

Don Orione no fue un teórico de la educación, en el sentido académico del término, sino que fue un gran educador, y su importancia en el panorama del Catolicismo entre fines del ‘800 y el ‘900, está en su praxis educativa con la impronta de algunos criterios inspirativos fundamentales .

De sus vibrantes escritos es posible evidenciar una constante atención a los problemas de la educación de las nuevas generaciones, y a su formación espiritual y religiosa en un contexto cultural ya profundamente cambiado por las transformaciones económicas, por los movimientos migratorios, por la pérdida de la raíces sociales y culturales que estaban en contraste con los procesos de industrialización y modernización de la sociedad italiana.

Para entender el pensamiento y la acción educativa de Don Orione, resulta útil conocer las figuras de educadores y pedagogos con los cuales él tuvo relación directa o indirecta, y los autores y los textos de los cuales él nutría su vida y formaba sus convicciones. Se descubre así un vínculo muy estrecho entre educación y vida espiritual, entre educación y relación eclesial, entre educación y caridad, entre educación y elevación humana/santidad.

Durante el transcurso de su intensa actividad, él se encontró con relevantes personalidades de la significativa tradición educativa católica. En primer lugar recordamos aquellos a quienes reconoce siempre como sus maestros e inspiradores: Antonio Rosmini y San Juan Bosco. Tuvo contactos con relevantes personalidades, en algunos casos muy frecuentes y profundos, en el curso de toda su vida. Para quedarnos solo con los más significativos, en el campo de la educación escolar, se debe recordar a Adelaida Coari, con la cual mantiene un largo e interesante epistolario, a Adele Costa Gnocchi, educadora y estudiosa entre las más cercanas a Maria Montessori, y cuyos contactos revelan algún interés por el método educativo montessoriano, y en todo caso una cierta apertura hacia los aspectos prácticos de la nueva educación.

Estos contactos con personalidades del catolicismo y del mundo de la cultura entre el ‘800 y el ‘900, como Luigia Tincani, Clemente Rebora, Tommaso Gallarati Scotti , Brizio Casciola , Padre Giovanni Semeria , Armida Barelli , Ada Negri, y muchos otros, contribuyeron a delinear con mayor precisión los rasgos de una personalidad compleja y rica, en constante diálogo con su tiempo incierto y agitado.

Don Orione adoptó un sistema educativo integral, no solo instrucción o adiestramiento. El mismo denominó su metodo cristiano-paterno que se presenta como una reelaboración-integración del método preventivo que conoció cuando de adolescente fue a Valdocco con Don Bosco (1886-1888) y en la relación de estima y amistad que tuvo con Don Rua, Don Berto, Don Trione y otros ilustres salesianos de la primera hora. En la práctica el método salesiano se basaba en los principios del amor y de la razón: las vías del corazón (familiaridad y confidencia), unidas a aquellas de la razón (motivaciones racionales y convincentes).

 

“Paterno”

“Collegio paterno” fue el nombre de la primera fundación orionita en Tortona. El adjetivo paterno definía y describía la naturaleza jurídica del instituto, abierto de acuerdo a los artículos 251 y 252 de la ley Casati de 1859 que permitía la fundación de escuelas organizadas y administradas por padres de familia. Era una fórmula que proporcionaba, a las instituciones escolars que recurrían a ella, una cierta autonomía administrativa y también pedagógica aunque sin ningún financiamiento.

En primer lugar por lo tanto, el adjetivo “paterno”, con el que Don Orione calificó su método, tenía un significado jurídico . Después, el adjetivo “paterno” con el agregado de “cristiano” derivó en la fórmula utilizada para describir el estilo educativo . Finalmente marcó un método pedagógico particular, con características específicas de Don Orione y de su Pequeña Obra de la Divina Providencia.

Ya en los años treinta del siglo pasado ya se hablaba mucho del fenómeno de la decadencia del padre en la sociedad moderna. La calificación paterna, elegida por Don Orione, encuentra la inspiración espiritual en la paternidad de Dios y coloca en el centro del método pedagógico la figura paterna (en la uni-dualidad de padre y madre) como base de la sociedad y como elemento irrenunciable del proceso educativo y de desarrollo-integración personal, familiar y social.

“La Congregación debe tener su propio sistema educativo. Nuestro sistema educativo debe ser “paterno”. El sistema preventivo es bello, muy eficaz; pero dice mucho más el sistema paterno. Debemos comportarnos con los jóvenes como se comporta un padre de familia que sabe unir el amor con el deber. Debemos estar dispuestos a sacrificarnos como un padre se sacrifica por los hijos. Además los jovencitos deben vernos muy unidos entre nosotros”.

Don Orione argumenta e ilustra qué significa en concreto el “cuidado” en la educación desde el modelo de los vínculos en la familia, iluminados por la fe cristiana: “Ámenlos en el Señor como hermanos vuestros, cuiden la salud de ellos, la instrucción de ellos y de todo lo que sea para bien de ellos: que sientan que ustedes se interesan en hacerlos crecer (...) No hay tierra ingrata y estéril que, con mucha paciencia, no pueda finalmente dar frutos; así es el hombre”. El santo tortonés ve a la instrucción y a la formación injertadas en el cuidado de la totalidad de la persona ( “salud, instrucción, todo lo que sea para bien de ellos” ) en una perspectiva de esperanza cristiana que otorga confianza y eficacia en la tarea educativa.

 

“Cristiano”

El otro dinamismo del método educativo de Don Orione. “Ver y servir a Cristo en el hombre” , desarrollar y expresar la “presencia divina en el hombre” es el noble dinamismo de la tarea educativa , de la cual brotan y se alimentan las conductas de auténtico respeto, de cuidado, y casi de devoción hacia los alumnos en el vínculo educativo. Hace pensar en la contemplación de Miguel Ángel que “veía” el Moisés aún dentro de la masa informe de mármol, por el que ponía todo su arte, técnica y sacrificio para que “saliera”, para hacerlo surgir.

La acción educación, en diversos momentos y ámbitos, siempre tuvo necesidad de mucha contemplación, de esperanza. También lo afirmó recientemente Benedicto XVI: “el alma de la educación, como de toda la vida, sólo puede ser una esperanza confiable. Justamente de aquí nace la dificultad, quizás la más profunda para una verdadera obra educativa: en la raíz de la crisis educativa hay de hecho una crisis de confianza en la vida”

Se comprende que cuando Don Orione define cristiano a su método educativo, no pretende hacer sólo referencia a los valores o a la modalidad pedagógica, sino que propone la experiencia de Dios como fundamento, dinámica y objetivo de la tarea educativa : “Nuestro fin es formar católicos francos y de una pieza” .

La educación mira a “hacer cristiana la conciencia” de los jóvenes, hacer cristiana su vida, sea en la dimensión privada como en la pública. Por lo tanto, escribe, “es necesario que la religión todo lo señoree en la escuela y en el instituto: la enseñanza, la disciplina, la misma recreación! La religión no debe ser un estudio y un ejercicio, que sea solo asignado a su tiempo y a su hora: es una fe, una ley que debe hacerse sentir constantemente y en todos lados, y ejercitar su acción natural sobre la vida entera”.

Eso no significa, explica Don Orione, “ hacer prédicas todo el día, ni se deberá transformar la escuela en una iglesia , ni la cátedra en un púlpito, no! Pero todo debe ser elevado y santo en la escuela como en la iglesia; no predicar jamás en la escuela; pero todo en ustedes deberá hablar de Dios, darse por entero para infundir y difundir la fe y el amor a Dios bendito: hoy será una palabra a medio explicar, mañana será una reflexión, será acusar a un personaje histórico por una mala acción. Oh! Cuando se ama a Dios todo habla de Dios! Y se tiene siempre un gesto, una palabra que hace más que una prédica entera!”

El Evangelio –escribe – es el más sublime tratado de didáctica y de pedagogía que existe. La fe católica y el carácter cristiano sólido formado con el Evangelio y las enseñanzas de la Iglesia, son las fuerzas morales más poderosas del mundo”.

En razón de la fuerte connotación cristiana dada a su método educativo, Don Orione sostenía que “el sistema, así llamado preventivo, no dice todo, no me satisface plenamente, no me parece completo. Me parece que hoy, no es suficiente o no es realizado suficientemente por todos. Mientras que este está en manos de Don Bosco y de los Salesiano en la práctica, es completado con la religión con la que ellos lo animan; sin embargo cuando está en manos de educadores laicos, es lo que es, y se hace lo que se hace. A nuestro sistema lo llamamos paterno-cristiano”.

 

Concluyendo estas notas, estoy en condiciones de poder evidenciar algunas convicciones basicas.

•  Don Orione es un sólido eslabón de una larga serie de grandes educadores de la Iglesia - muchos de los cuales fundaron Congregaciones religiosas - fuertemente unido a la tradición educativa católica.

•  Su peculiaridad está en la apertura a los grandes cambios de la sociedad y en su original y creativa respuesta en relación “a la promoción de las humildes clases populares” , de acuerdo a una visión social moderna, y al mismo tiempo, genuinamente cristiana.

•  Aún hoy, en la Congregación, para indicar esta importante directiva de las actividades propias, se usa el término “obras de caridad educativa” , reconociendo la caridad como forma, contenido y dinamismo de toda acción que pretende ayudar y desarrollar al hombre y a la sociedad.

•  La caridad educativa ha inspirado la modalidad educativa propia del método paterno-cristiano. Es con este método que, en los diferentes contextos y tiempos, la escuela orionita promueve en sus alumnos el desarrollo civil, que tiene metas, métodos y características comunes a otras instituciones escolares, unido al desarrollo religioso, que tiene en la base un proyecto educativo fundado en Cristo y en el Evangelio, para alcanzar una cultura integral e integrable con el mensaje cristiano testimoniado por la Iglesia.

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