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Messaggi don Orione
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Nella foto: Suor Benedetta Frey
Autore: Priscila Oliveira
Pubblicato in: MESSAGGI DI DON ORIONE n. 104, 2001, p.35ss.

La monja cisterciense de Viterbo, tuvo dones místicos y fama de santidad. Don Orione recordó a menudo su encuentro con esta pequeña hermana “como un trapo” por la enfermedad. Conservó con devoción una reliquia que le dieron de la sierva de Dios, el Girandolone. El 30 de septiembre de 2015 ha sido proclamada "Venerable".

María Benedicta Frey,[1] nació en Roma, el 6 de marzo de 1836, de los cónyuges Luis Frey y María Giannotti; fue bautizada con el nombre de Ersilia Penélope. Tenía apenas dos años cuando la mamá murió de parto por el nacimiento del hermano. Benedicta, desde la primera infancia demostró tener una inteligencia desarrollada y una notable inclinación a la piedad y a la virtud; de carácter alegre y vivaz. De los 11 a los 17 años, Penélope fue a un instituto donde perfeccionó su vida espiritual, progresó en el estudio y se volvió experta en todos y cada uno de los típicos trabajos femeninos. Su estudio predilecto fue la música. A la edad de 20 años decidió hacerse monja cisterciense del monasterio de la Visitación de Viterbo, llamado de la “Duquesa”. Se endosó el hábito religioso el 21 de julio de 1857, a la edad de 21 años; emitió la profesión religiosa el 12 de julio de 1858, tomando el nombre religioso de María Benedicta Josefa.


Apostolado en el martirio por 52 años

Sor María Benedicta sirvió al Señor inmovilizada por una larga enfermedad durante 52 largos años. Fue de hecho una parálisis la que la retuvo desde 1861, en una larga postración de cama, su calvario; lugar de su unión con Dios y de su apostolado vivido como martirio. Sufrió de agudos dolores de cabeza que le impedían incluso poderla apoyar en las almohadas y ni siquiera podía tenerla recta a causa de la parálisis a la espina dorsal. Tendía a caer hacia adelante y a ovillarse sobre el pecho. La cama era un castillo de almohadones. A esta enfermedad se le unían además otros tormentos periódicos: frecuentes resfriados; tos tormentosa por las escaras que le ocupaban todo el cuerpo necesitado de inmovilidad, dolores agudísimos de la espina dorsal; nauseas y dolores viscerales. Frecuentes bronquitis y pulmonitis que la colocaron muchas veces al borde del fin de la vida. Y en los últimos años de su vida sufrió a causa de un tumor intestinal.

            A los sufrimientos físicos, se agregan los espirituales: privaciones de las prácticas de piedad; tentaciones y sugestiones diabólicas, dudas de fe sobre la misericordia de Dios, sobre la inutilidad de sus sufrimientos, escrúpulos sobre su vida pasada; temores de ilusiones. En la cubierta de su libro de oraciones Sor María Benedicta escribió: “Señor os ofrezco todo lo que haré en este día, pero especialmente todas las penas y los dolores que sufriré. Jesús mío, hacedme santa y dadme vuestra gracia para lograrlo. María, madre de la salud, ruega por mí, por mi santidad, si está en el querer de Dios.[2]

            Ella acercaba almas a Dios solamente con su oración, pero más aún con su prolongado martirio sufrido en una perfecta resignación. Acogió su enfermedad como una misión que cumplir y decía que “el Señor la había destinado para esta misión, y por eso la había dejado libre la mano derecha, la palabra y los ojos…”.[3]

            Murió el 10 de mayo de 1913. A los funerales asistieron una multitud de personas. La monja fue sepultada en el cementerio de Viterbo. Posteriormente, su cuerpo incorrupto fue tumolado en la capilla del monasterio de la Visitación. [4]

 

Una carta de Don Orione

Justo después de la muerte de Sor María Benedicta Frey, Don Orione escribe una carta al Prof. Giuseppe Fornari donde le expresa toda su admiración hacia la santa monja.

            Tortona, el día 12 de mayo de 1913[5]

(…) ¿Así que Sor María Benedicta ha querido ir al Paraíso con su Celeste Esposo y Niño? Yo lo he sabido hace poco, y se me ha encogido el corazón en dulce llanto a los pies de Jesús, no sé bien si lamentarme con Él, o para decirle que quiero estar más firme y más lleno de la santa caridad y paz. Y a los pies del Señor y también en este momento en que escribo como descanso del alma, me parece sentir algo del suave espíritu de la buena sierva de Jesucristo y de la hija devotísima de la Iglesia y del Santo Padre. Ella me dio dos postalitas para darle a Santo Padre, como usted ya sabe, pero como usted me dijo que se las llevara a Mg.r Bressan. Yo después me fui y por mi descuido no lo hice. He de decir que me sonrojé un poco: no sé por qué a esa alma buena le dio por darme a mí una comisión como aquella para llevarle al Papa. Y por eso, oh mi querido profesor, tengo el peso de mi ingratitud al Señor y a la Iglesia, y también vergüenza porque no se han operado aún en mí la conversión según las gracias grandes que Dios me ha dado. Y más aún cuando ella me dijo que para el Papa ofrecía su vida si le hubiera agradado al Señor de dignarse recibirla, pero que ella era tan poca cosa que mostraba temor de decirme eso mismo.
            Ahora, mi querido profesor yo no sé si de verdad haya gustado a nuestro dulce Jesús tomarla en lugar del Santo Padre; pero de cualquier modo que sea: ¡Cuánto amor me mostró en aquellas palabras por el Vicario del Señor!

            En los días pasados, pensando en la muerte de esta humilde sierva de Dios, tenía gran deseo de venir también yo a acompañar su cuerpo, que tan pacientemente sirvió y amó a nuestro dulce Dios Jesús, hasta donde ha de reposar en el Señor. Pero puesto que esto no va a ser posible, yo la seguiré desde aquí, orando como manda la Iglesia, aunque creo firmemente que está ya en la gloria de la santas vírgenes, a los pies del Cordero de Dios, Jesucristo Nuestro Señor.

            Y pienso además que usted la acompañará por mí, y le dirá muchas cosas también por mí. Y confío que rezará a esta nueva sierva y esposa de Dios y también por mí y por todas estas pequeñas braceras de la Divina Providencia, y por estos otros pequeños hijos de la Providencia. Y que me ayudará y confortará desde el Paraíso. (…)”.[6]


El encuentro de Don Orione con Sor María Benedicta Frey

Don Orione tuvo la ocasión de acercarse más de una vez a visitar a Sor María Benedicta Frey. De ahí nació una relación llena de confianza y de comprensión recíproca. La primera visita al monasterio de Viterbo, de la que Don Orione habla, tuvo lugar hacia los inicios de abril de 1912. “Estuve en Messina en el tiempo del terremoto… A la vuelta estaba mortificado y cansado; y fui a ver a aquella santa monja, Sor Benedicta Frey, que nada más verme me dijo: ‘No es necesaria tanta pesadumbre. Hemos de ser como trapos en las manos de Dios”.[7]

Por aquel tiempo, Don Orione estaba pensando en la fundación de las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad  y le pidió un consejo a propósito. La Sierva de Dios hizo que le dieran un trapo y cuando lo obtuvo lo arrebujó entre las manos y dijo a Don Orione que había que ser como un trapo en las manos del Señor y dejarse conducir por la Divina Providencia. “Fui a Viterbo un día – cuenta Don Orione - y, como vivía allí, fui a ella para celebrar la Santa Misa (...). Cuando ya iba a irme me dijo: ‘Cuando usted funde un monasterio de monjas les dirá esto: y aquí les dejo este recuerdo: Les dirá a ellas que se dejen usar como trapos (...). Dígales - me dijo aquella monja - que procuren ser verdaderamente como trapos, y la bendición de Dios estará con ellas”.[8]

Aquellas indicaciones fueron el empujón más fuerte para que Don Orione se orientase hacia la nueva fundación femenina y también para la espiritualidad de la Pequeña Obra de la Divina Providencia. “Debemos ser humildes como trapos, debemos ser como el pañuelo que enjuga las lágrimas de los pobres, de los desheredados, de los afligidos…”.[9]

Del beneficio espiritual obtenido por Don Orione de la conversación con Sor María Benedicta hay un eco en la carta que él escribió a la Abadesa: “A pesar de mis faltas e ingratitudes hacia nuestro buen Señor, yo después de acudir a doña Benedicta, durante un mes sentí una gran ayuda para amar y una inefable paz y paciencia, y un vivo deseo de ponerme a amar al Señor y a convertirme”.[10]

Durante la visita de Don Orione, el 20 de abril de 1913, Sor María Benedicta confió a Don Orione un cuadro-reliquia de Jesús Niño, para ella muy querido. Le pidió también que se lo mostrase al Papa Pio X, que en abril de 1913 se encontraba enfermo, y le dijera que ella había ofrecido su vida para obtener la prolongación de la del Pontífice.[11] “Ella me dijo que dijera al Papa que había ofrecido su vida por él si le hubiese complacido al Señor de dignarse recibirla, pero que realmente era tan poca cosa, que mostraba incluso el temor de decirme aquello”.[12] El Papa, de hecho se restableció prontamente mientras Sor María Benedicta, después de pocos días, se agravó improvisadamente y en la tarde del 10 de mayo de 1913 murió. Había predicho más de una vez que moriría a la edad de 77 años, y así fue.


El Niño Jesús “Girandolone”

En la vida de la sierva de Dios, Sor María Benedicta Frey, ocupa un puesto particular una pequeña imagen de cera del Jesús Niño en pañales, con el cuerpecito recubierto por una tela de seda adornado con preciosas joyas, que le había sido donado por una pareja de jóvenes nobles romanos en el momento de su ingreso en el convento.

Esta sagrada imagen fue objeto de gran veneración también por parte de todos los que conocieron a Sor Benedicta Frey. Fue puesto en una pequeña urna en su habitación de dolores, transformada en oratorio. Ella se dirigía al Niño con fervorosas súplicas para obtener las gracias que la gente continuamente la pedía. Muchas fueron las recomendaciones y muchas fueron las oraciones atendidas. Pero cuando alguno quería atribuir el mérito de una gracia recibida a Sor Benedicta, ella respondía siempre que había que agradecérselo al Santo Niño.

Benedicta estaba convencida que tales gracias se hubiesen multiplicado si la imagen hubiera podido peregrinar a las casas de todos aquellos que hubieran tenido necesidad de ayuda. No pudiendo enviar aquella imagen, que era de dimensiones notables y estaba custodiada en una teca de vidrio, decidió por tanto servirse de otra más pequeña estampada en papel de unos 20 centímetros de alta que representaba a Jesús Niño como Buen Pastor con una oveja sobre la espalda; estaba puesta en una custodia de madera entallada con adornos de joyería. Aquella imagen empezó a peregrinar: primero en Viterbo y las zonas vecinas, y después por varias ciudades de Italia. Sor María Benedicta le puso el nombre de "Girandolone", porque habría de peregrinar para hacer el bien a las almas.

Don Orione, que tuvo noticias de tantas prodigiosas gracias y conversiones operadas por medio de aquel cuadro de Sor María Benedicta que representaba al Niño Jesús, pidió y obtuvo el poder tenerlo a su disposición, al menos durante algún mes, para hacerlo llegar a algunas casas donde se deseaba especialmente alguna conversión. Sor María Benedicta asignó el Niño Girandolone a Don Orione 20 días antes de morir.

            Don Orione puso enseguida a viajar al Girandolone para llevarlo a personas enfermas y particularmente necesitadas de alguna gracia del Señor. Al Prof. Giuseppe Fornari, el 28 de abril de 1913, Don Orione le escribe: ”El Girandolone lo he dejado en Roma, donde creo que deberá continuar con su oficio”.[13]

            Dos días después de la muerte de Sor María Benedicta Frey, Don Orione escribió a la abadesa del monasterio de la Visitación de Viterbo para decirle que el Girandolone estaba con él y para pedirle el permiso de tenerlo aún un tiempo: “En cuanto al Girandolone suplicaría a la Abadesa de que lo haga viajar, y cumplir así su misión de robar almas, si así complace a la abadesa”.[14]

            El 28 de mayo sucesivo, le habla en una carta a la marquesa Giuseppina Valdettaro: “En Génova está mi querido Girandolone al lado de un niño de 8 años enfermo desde hace tres años. No sé donde es, pero escribo a Novi para que me den la dirección y se lo haré llegar. Así, si su hermana quiere que el Girandolone venga a encontrar a su niño, él vendrá y le traerá muchas consolaciones. Mientras tanto comience una novena al Niño Jesús y una Salve según mis intenciones, mientras llega el divino Girandolone”.[15]

            Desde Génova el Girandolone pasa a Tortona, tal y como Don Orione informa a Don Sterpi, el 31 de mayo: “Ahora le envío el Girandolone quitándole todos los adornos de plata que llevaré yo aparte; lo enviaré para hacer el bien a las almas del Piamonte y Lombardía. Ahora son varios meses los que reposa”.[16] De Tortona, el pequeño cuadro vuelve a Génova: “Estaba fuera de Tortona, y ayer me llegó el Girandolone, que rápidamente lo hice llevar al correo. Espero que haya llegado. Diga a su apreciada hermana que ponga a los pies de Jesús Niño no sólo a su querido pequeño, sino también todas sus penas: que Jesús las conoce muy bien, y las ve y Jesús que puede, sin duda las consolará, él que es el Señor de toda consolación.[17]

            Mientras tanto, llegó a Don Orione la comunicación de que la Abadesa de Viterbo había puesto a su disposición el Girandolone. Y la respondió desde Tortona, el 16 de enero de 1913.

            “Reverenda Madre Abadesa, el Prof. Fornari me escribió que la vuestra reverendísima el 10 del pasado mes de mayo, se reunió en capítulo con su comunidad, y que benignamente establecieron de encomendarme el pequeño cuadro de Jesús Niño llamado el Girandolone, para que prosiga salvando almas como ya hizo en el pasado. Que por lo demás queda claro que el llamado Jesús Niño pertenecerá siempre al Monasterio de la Duquesa de Viterbo, y a tal efecto se pedía que yo redactase un escrito que declarase que susodicho Girandolone pertenece a la Comunidad Cisterciese de Viterbo, y que estuviera dispuesto a devolverlo cada vez que se me pidiera.

            Ahora, reverendísima madre abadesa, mientras pido disculpas por no haber escrito enseguida para agradecerla a usted y a la venerada comunidad de sus monjas por esta insigne tarea hacia mí, de la que me siento verdaderamente indigno y sin mérito, vengo, aunque con retraso, a cumplir con mi deber. Y aquí unida a ésta, escrita de mi puño y letra, la declaración requerida[18] tan gustosamente por la comunidad de ustedes y que si ella no fuese de su pleno gusto, les ruego que me lo comuniquen, para que yo, con la divina ayuda, pueda hacerlo en el mismo sentido y en la misma forma que le parezca bien a su reverendísima señora y por la comunidad deseada. Que además yo creería conveniente dejar en el Monasterio un inventario de todos los objetos y "ex voto" anexos a la S. Imagen. El Divino Girandolone se encuentra en Roma; pero después comenzará a viajar conmigo, y lo llevaré a Sicilia y a Calabria, y más tarde puede que a la alta Italia, donde podrá hacer mucho bien. Ahora está junto a un enfermo, y mañana o al otro ya veré".[19]

Noticias del Girandolone aparecerán varias veces en las cartas sucesivas de Don Orione. Desde que escribe en 1928, resulta que la preciosa imagen continuó su viajar confortando y sosteniendo muchas almas: “Es verdad que yo obtuve del Monasterio de Viterbo una pequeña imagen del Niño Jesús, llamado Girandolone, y eso ocurrió al final de la vida de aquella hermana, muerta en concepto de santidad. Y aquella imagen fue llevada a Reggio Calabria y viajó por la Calabria…”.[20]

La imagen de Jesús Niño Girandolone se quedó con Don Orione. Después de ella ya no se habló más y se perdieron sus huellas. Sólo recientemente ha aparecido. El Girandolone pasó por las manos de Don Sterpi, después a las manos del canónigo Perduca, y de él a la Madre María Francisca y a Sor María Rosaria. Finalmente, en 1993, fue consignado a Madre María Ortensia, Superiora Generale de las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad.[21]
La gran confianza de Sor María Benedicta Frey y del beato Luis Orione, confirmada por tantos signos de gracias recibidas, enriquece la devoción hacia esta imagen también para el futuro.


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[1] Biografías: Alceste Grandori, Cinquantadue anni di martirio. Maria Benedetta Frey, Editrice Cultura Popolare Religiosa, Viterbo, 1948; Filippo Agostini, Croce lunga e Provvidenza, La serva di Dio Donna Maria Benedetta Frey, Ed. Monastero della Visitazione, Viterbo, 1973.

[2] Grandori, p. 54-59

[3] Grandori, p. 130.

[4] L’Osservatore Romano, 16 – 17 maggio 1994, p. 4.

[5] Scritti di Don Orione 25, 218.

[6] Scritti 25, 218.

[7] Parola di Don Orione II, 73. Así como el descanso en Roma de Don Orione, durante aquel viaje, va del 22 de marzo al 3 de abril (Cfr. Scritti 11, 161 e 2, 24), la visita a la Frey debe ser fijada en esos días.

[8] Discurso del 12 de septiembre de 1919; Parola I, 184.

[9] Don Orione alle Piccole Suore Missionarie della Carità, Tip. San Giuseppe, Tortona, 1979, p. 24. Cfr. Guido Oliveri, Spiritualità della suora orionina nel contesto della parola “straccio”, Tip. San Giuseppe, Tortona, 1977.

[10] Carta publicada en Agostini, p.163-164.

[11] Agostini, p.165 e 243-244.

[12] Scritti 25, 218.

[13] Carta del 28.4.1913; Scritti 25, 216.

[14] Carta del 12 de mayo de 1913; Scritti 25, 218.

[15] Scritti 39, 20.

[16] Carta a Don Sterpi del 31.5.1916; Scritti 12, 233.

[17] Carta del 8 de junio de 1913; Scritti 39, 22.

[18] De la misma fecha es la siguiente declaración: “Yo el abajo firmante… declaro que el pequeño cuadro que me entregó Sor María Benedicta el 20 de abril de 1913, para que lo llevase de viaje para robar y conquistar almas, nos es de mi propiedad, sino que pertenece y pertenecerá siempre al Monasterio de la Duquesa… y me comprometo a restituirlo cada vez que se me pida por las Reverendas Monjas… El niño se encuentra ahora en Roma, pero después comenzará a viajar conmigo, y vendrá a Sicilia, a Calabria y después puede que a la Alta Italia. Ahora está junto a un enfermo…”; Grandori p.83-84.

[19] Scritti 44, 62-63.

[20] Carta del 10.11.1928; Scritti 47, 121.

[21] Véase Il Bambino Girandolone, “In Famiglia”, n.147, septiembre de 1998, p.86-87.

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