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Messaggi don Orione
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Pubblicato in: Traducción: Teófilo Calvo Pérez

Don Domingo Sparpaglione, nacido en Godiasco el 13.2.1903, murió en Pontecurone el 18 de mayo de 1982: ficha biográfica y el recuerdo de Don Atilio Piccardo.

DON DOMINGO SPARPAGLIONE,
"primer biógrafo de Don Orione"

 

Autor: Don Flavio Peloso y Don Attilio Piccardo

 

Entre los muchos y merecidos títulos, el de primer biógrafo de Don Orione quedará como el más característico y además a él le resultaría agradable.
Nacido el 13 de febrero de 1903 en Godiasco (provincia di Pavía y diócesis de Tortona) entró adolescente en la Pequeña Obra de la Divina Providencia de Don Orione en noviembre de 1912. Vivió mucho al lado de Don Orione, quien fue verdaderamente un segundo padre para él y que Don Domingo supo devolver en paralelo afecto convirtiéndose más tarde en su primer biógrafo y en un fidelísimo intérprete de su espíritu, con los escritos y sobre todo con su vida.

Después de un periodo de unos años pasados en Tortona, cumple su noviciado en Villa Moffa, profesando el 15 de agosto de 1919. Emitió los votos perpetuos en Campocroce de Mirano el 30.7.1924.

Licenciándose en letras, por voluntad de Don Orione, con una brillante tesis sobre Benedetto Menzini, y mostrándose como un apasionado estudioso de Manzoni, cumple, mientras tanto, los estudios de Teología, recibiendo la sagrada ordenación en Tortona por Mons. Grassi el 29 de junio de 1926. Desde entonces su vida se alterna entre estudio, enseñanza, apostolado entre los humildes y sus actividades literarias. Muy sensible a la belleza de la naturaleza, contemplativo, rico en humanidad y además estudioso y hombre de cultura. Poseyó una auténtica alma de escritor. La palabra le fluía sencilla, limpia y refinada al igual que las imágenes y el pensamiento.

Una serie de escritos notables lo hicieron bastante conocido. Desde la novela juvenil «La Fiaccolata» escrito para conmemorar el XV centenario del Concilio de Éfeso, al drama sagrado «Mater Dei» y sus numerosos artículos, llegamos a las clásicas biografías: Don Orione, el Card. La Fontaine, el Can. Perduca y otros escritos sobre Sant'Alberto di Butrio y el “Elogio de la caridad”. Sin olvidar sus estudios y trabajos manzonianos «El porqué del Anónimo», «El sentido de la muerte en Manzoni», «La bisaccia di Fra Cristoforo» y la conocida «Guía al Manzoni».

Su producción literaria es muy digna por sus méritos en la forma y por la celebración de los valores morales, religiosos e históricos, un tesoro precioso para la cultura y la espiritualidad de la Congregación de Don Orione, testimonio sumamente significativo de la veneración y del amor por el Padre Fundador, por sus colaboradores, por nuestra familia religiosa, por el patrimonio de virtud, de ejemplos y de recuerdos dejados en preciosa herencia.

Como docente y presidente del Colegio Dante, en Villa Moffa, en el Teológico dejó huellas profundas en sus alumnos. Muchos escritos y artículos en las revistas alejandrinas y tortonesas reclamaron las enseñanzas de Don Sparpaglione. Una de sus específicas actividades fue también por muchos años la de Asistente Central de los Ex alumnos, especialmente de los más antiguos del Colegio de Santa Clara y del Paterno que lo querían casi como el exclusivo predicador de sus fidelísimos retiros espirituales de Varallo Sesia. Fue también a América Latina, a visitar nuestras obras en distintas naciones dejando un duradero recuerdo.

Pero sobre todo más allá de sus escritos y de sus dotes didácticas y literarias, permaneció en lo profundo de la gente el recuerdo de una excepcional simplicidad que lo hizo ser querido por todos, de cercanía fácil, humilde y modesto, compañero fiel de nuestros buenos viejecitos de Tortona y de San Sebastiano Curone. De hecho Don Domingo pasó buena parte de su vida entre «su» Santuario de la Guardia y el cercano Instituto ya recordado.

Su trágico e imprevisto final dejó conmocionada a toda la Congregación, la Diócesis de Tortona, el clero ciudadano y limítrofe, innumerables esquelas de ex alumnos, amigos y admiradores. Era la mañana del 18 de mayo de 1982, cuando fue atropellado por un automóvil mientras, como cada mañana, recorría en bicicleta, con sus setenta y nueva años, el camino que le conducía al Santuario de la Madonna de la Guardia en Tortona, donde vivía desde hacía años.

La Congregación tenía en él a una de sus columnas más sólidas por fidelidad al genuino espíritu de Don Orione tan bien conocido por él; y uno de los más ilustres representantes de la auténtica cultura, unida, al mejor estilo orionista, con una sincera sencillez y gran pobreza de espíritu.

 

ASÍ LO RECORDABA DON ATTILIO PICCARDO

Mi recuerdo vivo, afectuoso y fraterno de Don Sparpaglione se remonta a los años ya lejanos (1915-21) en los que tuve la fortuna de cumplir con él y con otros tres estimados e inolvidables orionistas (D. Domingo Del Rosso, D. Francisco Di Pietro, D. Gaetano Piccinini) los estudios ginnasiales en Villa Moffa de Bra (Cúneo) y en Tortona, y los de bachillerato en el Regio Liceo "Cassini" de Sanremo.

Fueron años de mucho compromiso con los estudios y con la formación a la vida religiosa. En sólo seis años, en vez de los ocho habituales requeridos, estuvimos preparados para conseguir, en las Escuelas Estatales, la licencia ginnasial y el diploma liceal. Fueron años bellísimos e inolvidables por el fervor con el que se vivía en plena armonía nuestra vida espiritual y de estudio, empujados y entusiasmados directamente por Don Orione, asistidos y guiados por el incomparable, vigilante y siempre paternal, Don Giulio Cremaschi en la Moffa, después en Tortona por Don Sterpi y por Don Zanocchi y, en fin, en Sanremo por Don Giulio Quadrotta y por Don Pensa.

Durante los estudios de liceo eran frecuentes y fervorosas las visitas al santuario de la  Virgen de la Costa de Sanremo, a los de la Virgen de Taggia, de Lampedusa y del Sagrado Corazón de Bussana. En aquellas ocasiones, además de por la piedad, Sparpaglione se distinguía por sus dotes de buen caminante, atento observador de los lugares y de las personas con una vena inagotable de buen humor que alentaba a todos. En pocas horas, sin hacer etapas era capaz de caminar hasta la cima del monte Bignone, que sobresale de Sanremo y lo defiende de la tramontana, y volver a casa sin buscar ninguna comodidad después del viaje y reemprendía su trabajo con normalidad. Este no era más que un aspecto de su amor y actitud por lo atlético y por el deporte que le distinguió muy pronto y le pondría en contacto con algunos campeones del ciclismo, entre otros Cuniolo y Coppi, y con futbolistas del Derthona y del Alessandria, que seguía con mucho interés.

Estaba dotado para el estudio de las letras. Consiguió la licenciatura en 1925 en la regia Universidad de Turín. Al año siguiente (1926) fue consagrado sacerdote. Entre los escritores, como es sabido, su predilecto era Manzoni. Y se convirtió en un reconocido conocedor de su obra, como demuestran algunas de sus trabajos al respecto. Sus alumnos recuerdan sus fascinantes lecciones y, muchos, sus doctas conferencias manzonianas. Se ofrecía de vez en cuando a hacer de guía, con gran competencia, por los lugares que tenían que ver con "I promessi sposi".

Todo esto le servía para anunciar con gran competencia y fascinación la Palabra de Dios. ¡Oh, cuánto predicaba! ¡Siempre dispuesto, siempre vivo y actual! Siempre disponible, especialmente cuando se trataba de los Ex alumnos de la Asociación «Don Orione», de los que fue por muchos años el admirado y estimado asistente espiritual. Memorables fueron los retiros espirituales llevado por él para los Ex alumnos en el vetusto Eremo de S. Alberto de Butrio (PV). Para todos era notable el particular vínculo de afecto que le unía a los primeros, a los «antiguos» alumnos que tuvieron la fortuna y envidiable suerte de tener por Maestro al mismo Don Orione, en los albores de la Obra.

Con profunda conmoción vi en los funerales de Don Sparpaglione que entre los que llevaban a la espalda el féretro, había dos de los «primerísimos» ex alumnos de Santa Clara y del Paterno de Tortona. Su imprevisto y trágico final causó un profundo dolor en todos los que lo conocieron, estimado y admirado incluso a través de sus escritos. Ese mismo dolor me fue trasmitido también por los ex compañeros del "Cassini" que aún vivían por estos lugares y renuevo las expresiones de mi gratitud por la participación en el profundo dolor y luto que ha golpeado a nuestra Familia Religiosa. Su estima y llanto por Don Sparpaglione lo han querido expresar también con un precioso artículo en el periódico «L'eco della Riviera» del 27 de mayo de ese año.

Estoy convencido de que muchos y siempre bien escribirán sobre Don Sparpaglione, pero yo, el único superviviente de «los cinco» he sentido el deber de recordarlo por la viva gratitud que le debo al ejemplo, siempre estimulante, que me dio con su irreprochable vida, de fidelidad a su vocación como sacerdote orionista y de su ardiente anhelo por el bien de las almas y de los humildes. Pax tibi caro Don Domenico!

Don Attilio Piccardo

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